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lunes, noviembre 08, 2004

Infame 

Carne (Argentina, 1996). Dirigido por Federico Sandoval (a.k.a. Don Nadie). cortometraje. Puede verse en www.solocortos.com
CAPRICHOS
Puntaje: 1.

Motrar cuerpos mutilados en un film gore, además de ser inevitable si uno quiere ser encasillado en aquel subgénero, puede resultar muy divertido. Hacerlo en un film no genérico es algo más complicado, ya que depende mucho de cómo se lo muestre y con qué excusa (travelling de Kapó, anyone?). Mostrar, estetizar, hacer planos detalle y regodearse con cuerpos mutilados reales en un documental es sencillamente criminal. Carne hace todo esto último, y lo intercala con planos architrillados de Cristo y del sacrificio de un gallo, además de televisivísimas entrevistas a cámara a trabajadores de morgues y estudiantes de medicina, una de las cuales es el colmo de los colmos ya que uno de los entrevistados cuenta como algo gracioso cómo mientras estaban diseccionando un cuerpo jugaban una guerra de "body parts".
Con un amarillismo sin límites que lo emparienta con cosos como Rostros de la muerte pero en plan pretensioso, este imperdonable ejercicio perpetrado por nuestro commentarista más polémico decalifica todo lo que pueda decir él en sus insoportables comments aparecidos en este blog. Y esto, que podría sonar bastante a ajuste de cuentas, es sólo una base como para hablar de las cosas que dijo este ser en la página de Solo Cortos, donde puede verse el documental y dejar comentarios. Cuando alguien osa hablar mal de su peliculita, el otro, en lugar de escuchar y tomar las críticas como algo positivo, o de directamente ignorar a quienes lo critican sin fundamentos, o de responder con fundamentos, se pone en un pedestal y descalifica a quien lo criticó tratándolo de estúpido. Este acto de absoluta pedantería por parte de un realizador -se me viene a la mente Flavio Nardini despotricando contra quienes no gustaron de su película 76 89 03 en cualquier lugar donde podía- elimina toda posibilidad de debate, que es básicamente para lo que la película parece estar hecha. Asi que Carne no sirve ni siquiera como para abrir un debate acerca de los límites en el cine, de lo que se puede o no mostrar. Para lo único que sirve es para que quien lo vea la pase mal. Pero no mal como uno disfruta pasarla mal en Saló de Pasolini, sino mal porque estamos frente a una película abyecta y sádica, que no dice absolutamente nada sobre nada, que es simplemente una excusa para mostrar cadáveres reales y mórbidas anécdotas con el único fin de "provocar", y que es obra de alguien que piensa que está haciendo "arte elevado" cuando en realidad está haciendo una película de mierda.
Juan P. Martínez.

martes, junio 15, 2004

Mar del Plata quemada 

Festival de Mar del Plata. Primera entrega. Todo por orden de visión:

The Tesseract (Oxide Pang). Puntaje: 4. Otra vez el viejo truco de repetir varias veces el mismo suceso desde distintos puntos de vista. La película tiene una mezcla clipera-publicitaria en el sentido utilizado por la crítica más rancia: banda sonora que son sólo canciones (mal) pegadas y esa suerte de post montaje que se popularizó mundialmente con las últimas entregas de Matrix (jueguitos entre imagen y sonido, cambios de velocidades y secuencias con planos de corta duración). Un momento visual interesante (una cogida que no se entiende muy bien y por momentos se filma con la cámara dada vuelta) dentro de una infinidad abrumadora de ‘cámaras imposibles’ y dos chistes buenos (uno, sobre un inventado Durion Pudin, muy bueno en realidad) dentro de una película publicitariamente sensiblera. Llama la atención que el catálogo del festival no mencionaba que la película estaba basada en una novela de Alex Garland, pero es entendible cuando se nota que la adaptación es muy mala. Muchísimo menos que la inflada The Eye que se exhibió en el MDQ anterior.
Hasta después de muerta (Parravicini, Gunche, De la Pera). Puntaje: 2. De los responsables de Nobleza Gaucha llega este intento silencioso de cruza entre comedia y melo. Chistes que atrasan casi un siglo (plop!) y que buscan el humor en todos los lugares equivocados (siempre fue pelotudo asumir que la gorda no coge aunque quiere y burlarse de eso) y pasiones contenidas al no permitirse jamás la cursilería. Lo peor es que parece un libro (mal escrito) con alguna imagen: los intertítulos son eternos y vuelve redundante a lo visual. El trío Kabusacki-Mango-Samalea sigue funcionando para musicalizar películas mudas e intenta levantar bodrios como este. Lo más interesante fue la introducción de Fernando Martín Peña y Pino Solanas sobre la importancia de la recuperación de los clásicos del cine nacional y el trabajo de APROCINAIN. Salvador Samaritano es muy simpático, pero ya está medio gagá.
Los soñadores (Bernardo Bertolucci). Puntaje: 10. Homenajes para todos lados, de los obvios (aunque en ese ’68 francés no eran tan obvios como ahora) y los no tanto. Una película completamente emotiva (¿puede no serlo una película en la que se vea a Jean-Pierre Léaud?) en la que cada imagen o sonido evoca al lugar en el que muchos se sienten más cómodos: una sala de cine. Una película especial para quienes disfrutan de la primera fila de una sala y para ser vista desde ahí (gracias jubilados agota entradas de mdq). En la película se cita a Godard diciendo que Nicholas Ray es cine, sin saber bien si eso es bueno o malo. De Bertolucci se puede decir lo mismo. Filma como nadie cada plano, sonido, movimiento, personaje (comparen como se ve Liv Tyler en Belleza Robada y como en Eso que tú haces o, para ser más crueles, en Armageddon). Cuando una película se ve así, no hay puntos bajos.
Farsa Reel 1. Puntaje promedio: 5. Los chicos de Farsa tienen ideas y se notan sus buenas intenciones. Pero adolecen el problema de la mayoría de los freaks: falta de discernimiento. Al ¿corto? de Mirtho, que dura casi una hora, le sobran 40 minutos. Se entiende, porque se siente imposible poder cortar a Santiago Segura, Jason Patric o Alex De la Iglesia. Pero es necesario. El avance del cuarto film de Farsa parece estar a mitad de camino. Se percibe la sensación de que le va a sobrar algo. Una lástima. El corto del último minuto de vida es un gran chiste, pero es de esos que tienen gracia sólo en una primera mirada. No hay que dejar de reconocerles una gran virtud: hicieron soportable a Damián Dreyzek a través de Panza. Ese es el corto más logrado de la proyección y decae sólo con el remate final, pero no adolece jamás de los tan comunes problemas narrativos. Además, ahí lograron algo impensable: las actuaciones son todas estupendas, toda una rareza genérica.
Dealer (Benedect Fliegauf). Puntaje: 8. Directo desde Hungría llega esta rareza, a la que la descripción del film la emparienta con otra rareza húngara: Sátántangó de Béla Tarr. En los escasos 160 minutos (si es que se los compara con los 450 de Tarr) la cámara suele tomarse unos diez minutos para completar un plano de 360° alrededor del personaje que esté hablando sin parar. Se nota mucho el trabajo que se hizo tanto sobre los colores del film como en todo el aspecto sonoro. Con varios momentos ideológicamente reprochables, pero si bien la ironía de usar una cama solar como cajón no tiene un grado de sofisticación interesante, es innegable que Fliegauf se las arregla para que se vea bien. A nadie le interesa (y está bien que así suceda), pero la película se llevó un par de premios.
Naza Chong.

Mar del Plata segura 

Festival de Mar del Plata. Segunda entrega.

American Splendor (Shari Springer Berman y Robert Pulcini). Puntaje: 7. Una de las que más prometía a priori y que cumplió sin creces. La película es coherente no sólo con la estética comiquera en general sino también con el trabajo de Pekar. Tan coherente que en algún momento es inevitable pensar “ok, mete la vida real en el comic, hay que hacerlo en la película, se entendió, a otra cosa…” No es la única idea del film, pero es la que pide a gritos la atención todo el tiempo. Es cierto que en los primeros minutos funciona de maravilla y lo mismo sucede en las cumbres Pekar-Letterman. Paul Giamatti cumple y dignifica en un papel que tal vez lo saque de ese espacio reservado para gemas ocultas. Por momentos, James Urbaniak se parece más a Kyle MacLachlan que a Robert Crumb.
Afropunk: The ‘Rock n Roll Nigger’ Experience (James Spooner). Puntaje: 5. Demasiados temas e historias interesantes para un documental al que le falta trabajo de montaje. Puede pensarse como un documental para Mtv que la señal perversa rebotó ‘porque hay mucho negro’. Es menos cruel pensar en el DIY como única herramienta. Fundidos a negro que marcan la separación temática y dan lugar a una gran cantidad de personajes que introducen el nuevo tema repitiendo la misma frase. Funciona para estudiar las distintas etapas de la madurez de los punks: la evolución que se ve desde la principiante Mariko a la militante Tamar-Kali es abrumadora. Spooner cuenta su historia a través de 4 personajes y acierta al ponerlos a ellos por encima de todos (si quieren reconocer a los Fishbone, D.H. Peligro y demás etcéteras no esperen que aparezcan con el cartelito abajo). Una película que todo el tiempo busca ser discutida, porque esa es la manera de instalar un tema.
The Last Life in the Universe (Pan-Ek Ratanaruang). Puntaje: 10. La primera gran sorpresa del festival. Otra de las películas que son tan placenteras para ver como para escuchar. Un buen ladrillo para tirarle por la cabeza a quienes afirman que las comedias son siempre leves (casi nunca lo son). No para nunca: desde la sorpresa de su comienzo (el personaje central imaginando su suicidio en intentándolo varias veces sin resultados) a la avalancha de emociones del desenlace. Casi una suerte de Perdidos en Tailandia e incluso algún contrera podrá objetarle algún chiste en el mismo sentido que se le hizo a Sofia Coppola. Incluye un cameo desopilante de Takashi Miike. Dime con quien andas...
Une place parmi los vivants (Raoul Ruiz). Puntaje: 8. Noir que se ríe de los noirs y de las parodias de los noirs y… Con asesinatos que no dejan de ser divertidos, un tono azulado omnipresente y una insoportable música que parece remitir a las propagandas de algún magazine del cable. La narración fluye con tranquilidad y el grado de disparates tiene un increscendo en el que se termina pensando que es ridículo suicidarse sin una botella de vino y un cigarrillo en la mano. Una historia tan simple como absurda, y ese es precisamente uno de sus mayores atractivos (sin olvidar la destreza de Ruiz con la cámara).
I´ll See You in My Dreams (Miguel Angel Vivas). Puntaje: 2. Los problemas que se le pueden achacar a Farsa se encuentran aquí a la enésima potencia. Un maquillaje sin sutilezas parece ser la única idea del corto y tal vez también culpable para que este corto esté dando vueltas por festivales. Una historia de zombies idiotas (la historia y los zombies) plagada de flashbacks idems en las que se ven los traumas del personaje y de paso se explica de que va la historia.
Dead End (Jean-Baptiste Andrea y Fabrice Canepa). Puntaje: 3. Terror psicológico idiota (perdón la redundancia) que cumple con la cada vez más popular premisa “te asustás, pero la película es una mierda”. Golpes de efectos que funcionan y algún que otro chiste homofóbico divertido entre tanta actuación desastrosa y mogoliquismo explícitamente reiterado en las vueltas de tuerca. El plano que muestra el bosque es bonito, pero hace acordar al 'plano de los caballitos' de El Secdleto de la Tlompeta. Le gustó a Guido. A Agustín, también.
Beyond Re-animator (Brian Yuzna). Puntaje: 4. Una película Santiago Segura. Tan divertida como torpe y gastada. Narración renga e infinidad de ‘planos estelares’ (esos que llaman bien la atención). Se proyectó sin subtítulos. Algunas personas se fueron, pero era como irse de una película de Dario Argento por la falta de subtítulos. Se ve que todavía muchos, además del inglés tampoco entienden que historias y cine no son sinónimos.
Naza Chong.

Mar del Plata dulce 

Festival de Mar del Plata. Tercera entrega.

The Soul of a Man (Wim Wenders). Puntaje: 7. Una de las 7 películas sobre blues que produjo Marty Scorsesse (lo que quedó de The Soul of a Man y otras tres de la serie se proyectarían en el bafici). Wenders se sumerge en la vida de JB Leloir y Skip James, el segundo más interesante a nivel musical y biográfico que el primero. Skip se destaca en un género que constantemente repite fórmulas y en el que siempre todo tiempo pasado parece haber sido mejor. Sin embargo, el material fílmico de JB es presentado por, tal vez, los más simpáticos e inocentes sueco americanos que se puedan encontrar. En las performances de las canciones de ellos por bandas actuales se puede ver por qué es un género que agoniza desde hace décadas: lo más interesante proviene de quienes están más alejados del género. Tanto el material de archivo como las reconstrucciones tienen fluidez suficiente como para soportar una proyección en el Neptuno (se ltrabó el proyector dos o tres veces). Lo que menos funciona es la voz en off de Lawrence Fishburne que recorre la narración interpretando a Blind Willie Johnson, creador de Dark Was the Night.
In my Skin (Marina de Van). Puntaje: 10. Marina hace de todo en la sorpresa del festival: escribió, dirigió y protagonizó. Se decía que la mujer y el cine tenía la programación más pareja del festival, pero este tal vez sea el punto más alto. Viaje de iniciación en la autodestrucción y la antropofagia de una chica que parecería tenerlo todo para cualquier jubilado en la audiencia. ¿Por qué? Sólo por placer. La película elige cuando ser explícita y cuando trabajar fuera de campo y con silencios. El plano final es simplemente hermoso.
Into the mirror (Seong-ho Kim). Puntaje: 4. Otra más de terror. Otra más que asusta varias veces. Otra mediocre más. Si bien en los primeros minutos parecía (más) reaccionaria, el gancho de la película por momentos logra esconder sus fallas bajo la alfombra. El principal problema es que por momentos se aleja del terror y se embarra con el policial. Un par de planos visualmente logrados, una idea piola (la vida del otro lado del espejo), muchas decisiones idiotas y nada más.
Bartok (Ken Russell). Puntaje: 8. Especial para la BBC en blanco y negro sobre Béla Bartok. Ya en el ’64 Russell parecía tener conciencia de las bases de un videoclip. El film funciona siempre y nunca sus imágenes se vuelven redundantes (gran tentación clipera). Un acercamiento a la música de Bartok, pero con el acento en el aspecto visual.
Dance of the Seven Veils (Ken Russell). Puntaje: 6. Segundo especial para la BBC de un compositor europeo del doble programa Russell. Esta vez es el turno de Richard Strauss. Russell se acerca a lo que sería una biopic camp del alemán, en la que no se esquiva su relación con el nazismo, aunque se le buscan explica/justificaciones. Pierde en comparación con Bartok y además sufre por el desgaste que produce un doble programa televisivo.
Naza Chong.

El fondo de Mar del Plata 

Festival de Mar del Plata. Cuarta entrega.

The five obstructions (Jørgen Leth y Lars von Trier). Puntaje: 5. Todos conocen la fama de enfant terrible de Von Trier. Acá intenta plasmarlo en la pantalla y queda como un boludo. La premisa de la película es tan interesante y prometedora como el ego de Lars von Trier: a partir de los condicionamientos del borracho del ego, Leth tiene que realizar 5 remakes de su corto del ’67, The Perfect Human. El primero funciona bien y también el que intenta verse como Waking Life (demasiado obvio en la película que de ahí pidieron prestada la idea como para no explicitarlo), pero los otros dan un poco de vergüenza ajena. Especialmente el último, en la que aquella premisa dogmática de no nombrar al director se remplaza por darle -o castigar con- el crédito a quien no lo dirigió. Ese corto deja un sabor amargo que parece imposible de endulzar, y también es una pena que todas las cumbres Leth-Von Trier estén filmadas con una irritante cámara en mano.
The Perfect Human (Jørgen Leth). Puntaje: 10. El postre más sabroso después de una comida mediocre. La excitación que producía cada aparición de un fragmento del corto dentro del largo se multiplicó al poder verlo de corrido. Es increíble que cada elemento esté en el lugar en que produce un estímulo mayor. La voz en off es hipnótica (queda claro que Von Trier se inspiró en esta para utilizar la de Max von Sydow en su mejor película), la actuación de Claus Nissen aún hoy no atrasa un segundo y eso mismo sucede con el montaje, que parece hecho por algúnn revisionista (con buen gusto) de los sesenta. La distancia que toma Leth es la justa: se permite ironizar, sin que esa palabra se utilice con una connotación negativa. Es una lástima que se tuvo que aguantar 100 minutos de mediocridad antes de la felicidad hecha corto, pero se entiende que se haya programado después del largo, porque de otra forma durante su proyección no se podrían contener los abucheos.
Aileen: Life and Death of a Serial Killer (Nick Broomfield y Joan Churchill). Puntaje: 3. Otra muestra de ‘doxploitation’ del responsable de Kurt & Courtney y Biggie and Tupac. El canalla de acento inglés esta vez consigue bastante material interesante (quien haya visto Kurt & Courtney sabrá por qué eso es una rareza en él) y llega a exponerse como un chanta (muestra una trampa de edición que hizo en su documental anterior sobre el mismo tema, Aileen Wuornos: The Selling of a Serial Killer). Cada momento de Aileen en pantalla rebasa todo límite, parece un personaje complejísimo para retratar en menos de una hora y media, pero la omnipresente voz de Broomfield aparece todo el tiempo para intentar convencer al espectador cómo tiene que pensar y explicar qué quiso decir en realidad cada entrevistado. Quien asistió a la función para compararla luego con Monster, la película sobre Aileen que le valió uno de esos tipitos amarillos a Charlize Theron, puede sentir una indignación avasalladora y decepción al enterarse que Broomfield también estuvo metido en esa. Eso sí, la referencia a Día de la Independencia es de lo mejor y más divertido que se vio en una pantalla en años.
Twentynine Palms (Bruno Dumont). Puntaje: 1. Una de esas que parecen querer darle la razón a los que creen que las historias son importantes. Acá no pasa nada: durante la primera hora una pareja se pasea desnudándose por el desierto. Encima no había ningún otro lugar en el que apoyarse, la película no sólo se veía mal sino que se proyectó fuera de foco. No lo suficientemente fuera de foco como para que no se distinga que en el plano de la chica haciendo pis frente a cámara se veía la manguerita por la que fluía la falsa orina. Totalmente digna de pertenecer a la competencia oficial. Según imdb algo horrible y ‘hideous brutally’ pone fin al viaje de la pareja. Según otra fuente, a él se la dan por el culo... Quedará siempre la duda porque el deseo de una porción de torta en Manolo pudo más que la película.
Vai e Vem (João César Monteiro). Puntaje: 10. Una de las que más prometía a priori y de las pocas que dignificó al festival. Fue triste descubrir todas las virtudes cinematográficas y carismáticas de Monteiro post mortem. Durante las 3 horas de viñetas de la película, Monteiro logra que viejo verde adorable no suene a contradicción. En el film se toma todas las libertades posibles, a nivel argumental y estilístico. Casi todos los planos de la película son fijos (el llanto de Bárbara tiene un sutil travelling que nos acerca a ella y en el funeral un divertidísimo plano giratorio) y de larga duración. No es necesario saber que Monteiro murió de cáncer tres meses antes de que se proyecte por primera vez este film en Cannes para sentir como una de las imágenes más emotivas del festival a la que lo muestra escapar del hospital (en el que estaba internado por meterse un consolador de, al menos, el tamaño de un botellón de champagne) después de tener sexo con una joven enfermera. Es inevitable sentir la necesidad de tomar un colectivo a la salida del cine.
Naza Chong.

Queso Mar del Plata 

Festival de Mar del Plata. Ultima entrega.

Progrma Screaming Mad Crampi. Puntaje: 2. No se puede evitar sentir incomodidad al castigar a un personaje como Mad Crampi, pero la verdad es que la ‘maldición de los freaks’ recae con más fuerza sobre Toxicbox y Run Run, Bunny! El amor irónico que siente sobre sus criaturas no termina de funcionar nunca ni como amor ni como ironía. El breve pero jugoso anecdotario sobre el personaje Mad Crampi parece más atractivo que su obra angloparlante. Esta vez no fue torta de Manolo, sino el deseo de tabaco y un fernet los motivos de alejamiento de la sala para amenizar la espera por Los peyotes.
The Tulse Luper Suitcaises (The Moab Story). (Peter Greenaway). Puntaje: 7. Para decepción de muchos, no está mal admitir que esta vez le salió bien a Greenaway. Encima usa los truquitos de siempre (sí, toda esa parafernalia barroca que suele ser insoportable). Hay que reconocer que esta primera entrega (¿de 7?) no se vuelve nunca odiosa aunque se vuelve larga y densa. Greenaway parece haber notado que su necesidad de recargar la pantalla constantemente se vuelve, cuanto menos, agotadora y tal vez por eso la segunda mitad de la película parece ser más moderada visualmente. Habrá que esperar a una próxima edición para que no defraude y entregue el material por el que se ganó el odio de casi todos.
Destino (Domenique Monfery). Puntaje: 7. Todos esperaban este corto (muchísima gente sacó su entrada y se retiró después de este aperitivo). Casi todos esperaban muchísimo más de este corto. La conjunción de los mundos de Dalí y Disney, nada más. Es increíble ver en imágenes lo mismo que cualquiera podía imaginar de ese batido, ni una pizca de sorpresa. La animación parece un tanto torpe por momentos, aunque no deja de ser atrapante visualmente. Pudo haber sido chocante en el 46, cuando se pensó, pero la connotación sexual en los dibujos animados de Disney ya es moneda corriente por estos días.
Um Filme Falado (Manoel de Oliveira). Puntaje: 9. Los portugueses parecen estar majaretas. Al menos de quienes se proyectaron películas en el festival. Oliveira se toma casi tantas libertades como Monteiros y termina su film de forma abrupta, con un cambio de registro casi impensable. La cara de Malkovich congelada mientras pasan los créditos provoca esa sensación en el espectador (ojo, uno gritó “devuelvanmé la guita”). Hasta ese momento la película era el recorrido de una profesora de historia y su hija en un crucero desde Portugal a Egipto mientras ella daba una clase básica de historia y el capitán Malkovich trataba de chamullarse a todo lo que se movía.
Laurel Canyon (Lisa Cholodenko). Puntaje: 5. El hype más grande del festival. Todos se embobaron con Frances McDormand fumando porro todo el día y con su novio, un simpatiquísimo aspirante de Chris Martin. Es cierto que la película se permite un poco de acción entre ellos y la novia del hijo de Frances, pero no es mucho más que eso y el carisma del cantante. Christian Bale es el hijo insoportable y al hacer de la película su historia empalidece el relato. El último plano intenta aportar un poco de atractivo visual a un film que se había hundido hacía unas decenas de minutos.
Haute tension (Alexandre Aja). Puntaje: 6. Gore tan atractivo visualmente como idiota y reaccionario en lo argumental. Todo lo que se puede pensar que está mal en una historia se hace presente. Lo que le da placer a los ojos, también. Es cierto que el hecho de que la historia no cierre nunca es intencional (nadie puede ser tan idiota) y le da un tono irónico a la película, pero todo esto jamás termina de funcionar.
Naza Chong.

sábado, noviembre 15, 2003

San Telmo’s (on) Fire 

The Happiness of the Katakuris (Katakuri-ke no kofuku, Japón, 2001). Dirigida por Takashi Miike. Con Kenji Sawada, Keiko Matsuzaka, Shinji Takeda y Naomi Nishida. Ficha técnica.
CAPRICHOS
Puntaje: 10

El domingo 16 de noviembre a las 21hs., en el ciclo The Golden Dwarf (en Urania, Cochabamba 360, San Telmo), se proyectará esta película que nadie que no la haya visto debe dejar de ver. Créanme, será una de las experiencias más maravillosas de sus vidas.

THOTK es una de las siete películas que ese japonés trastornado llamado Takashi Miike estrenó en el año 2001. Vi cuatro de esas siete y todas me parecieron obras maestras, pero esta va más allá de todo lo conocido. Katakuris es un film que depara un millón de sorpresas por minuto, algo como nunca se ha visto antes. Remake del film coreano The Quiet Family, de Ji Woon Kim (el director de la maravillosa The Foul King), Katakuris debe ser tal vez la película más ecléctica de la historia. Muta de género cada cinco minutos, y en todos los géneros por donde transita deja una marca imborrable. Comienza con una escena en un restaurant que de repente se convierte en una animación con plastilina. De ahí muta en comedia familiar, luego pasa a ser un film de terror hasta convertirse en un musical al mejor estilo Rodgers & Hammerstein, y a veces es todos esos géneros juntos.
Katakuris es una rareza absoluta, un film que sorprende minuto a minuto y que no para nunca de hacerlo. Es Takashi Miike (cuyas películas gozan de una libertad incomparable) en versión muchísimo más libre. Libertad es lo que respira Katakuris en cada cambio de tono y de género, en cada movimiento de cámara, en cada plano, en cada cuadro. Es un film que cuando uno lo ve por primera vez piensa que es la declaración definitiva de la muerte del cine, pero que luego se da cuenta de que son películas como esta las que demuestran que el cine está más vivo que nunca, y esto es gracias a directores como Takashi Miike, quien por suerte no para nunca de filmar. En el año 2002 hizo siete películas más y en el 2003 hizo cinco. Lo que se dice un workaholic. Nos vemos el domingo en Urania.
Juan P. Martínez.

jueves, noviembre 13, 2003

Sin sexo ni mentiras (parte 2) 

Videoacción 2! (muestra de videoclips nacionales) en el Centro Cultural Gral. San Martín el domingo 9 de noviembre. Cierre en vivo: MGO y Jaime sin tierra. Los videos de Miguelius y Lalann se pueden ver en proyecto under. El video de Ambar se puede ver acá.
VIDEOCLIPS / CAPRICHOS
Puntaje: 7

Click para leer la primera parte.

La placa que decía Mal mortal de San Martín Vampire provocó la primera ovación generalizada. Un video en blanco y negro con algunos planos detalles escalofriantes, pero no tanto como la prueba del desgaste físico que sufrieron en menos de 5 años Pángaro, Fabio Rey y Rudy Martínez. Lástima que el video no haya tenido un apoyo fuerte en su momento por parte de las cadenas cliperas. Agua viva de Los brujos, también ovacionado antes de empezar, era un alien dentro de la programación, tal vez por ser el único video que en su tiempo se pasó hasta el hartazgo. Como la expedición de IKV sorprendió probar que el video no envejeció tanto como la canción. También sirvió para reafirmar la evolución musical y la involución corporal de Fabio Rey.
Los sonidos electrónicos volvieron a hacerse presentes con Inocentes de Gustavo Lamas y What happen? de Miguelius. El video de Lamas tenía una puesta en escena típica de un video casero (¡qué poco glamorosas son las terrazas de Buenos Aires!) y mostraba planos entrecortados (en los momentos más afortunados en synchro con la música) de gente pasando cables entre macetas. El final, tan previsible como efectivo, dejó ver al menos unos segundos del baile nocturno de las plantas. El video de Miguelius comenzó con una idea interesante. Lo mostraba en una ducha cantando su música electrónica (es increible que sus sonidos lleguen a lograr verosimilitud y que la frase del título, la única que canta, esté mal pronunciada). La inspiración se diluyó en segundos y comenzó un catálogo de efectos de programa de edición digital. El video sirve también para probar que los humanos jamás podrán igualar a las máquinas.
Proyector de cine de Peligrosos gorriones demostró que los ex San Martín Vampire no son los únicos hoy desmejorados física y musicalmente. Con pocos planos de los chicos liderados por Francisco Bochatón, el video es dignísimo y bastante más interesante que el mucho más popular Escafandra. Deja pensando por qué Gabriel Arregui no siguió haciendo videos en lugar de una película como Mataperros, que es tan digna como fallida.
Morirían de Suárez muestra a la banda de Rosario Bléfari jugando como nenes en una cancha de papi fútbol. El juego estaba planteado a través de los colores y los contrastes que adquirían la alfombra de la cancha con la vestimenta de los cuatro Suárez y algunos instrumentos de juguete que andaban dando vueltas. El video se hubiera llevado la ovación de la noche de no ser porque Jaime sin tierra jugaba de local. El techo de mi cuarto cerró la muestra. La redundancia entre imagen y letra era tan grande que terminó por hacer funcionar al video. Luego de la frase “eso era Jaime sin tierra antes, esto es Jaime sin tierra ahora” comenzó el show de una banda que parece haberse consolidado siguiendo un camino propio. Una vez más probaron que las proyecciones de fondo en pantalla gigante les sienta a la perfección y que el dictatorial formato canción les quita vuelo. Jaime sin tierra parece sonar cada día más tranquilo y prolijo. Por momentos es una pena.
Naza Chong.

martes, noviembre 11, 2003

Sin sexo ni mentiras (parte 1) 

Videoacción 2! (muestra de videoclips nacionales) en el Centro Cultural Gral. San Martín el domingo 9 de noviembre. Cierre en vivo: MGO y Jaime sin tierra. Los videos de Miguelius y Lalann se pueden ver en proyecto under. El video de Ambar se puede ver acá.
VIDEOCLIPS / CAPRICHOS
Puntaje: 7

La segunda jornada de la muestra comenzó con el videoclip Data incoming de MGO que, según sus propias palabras, lo mostraba tres veces en pantalla. Es decir, un plano fijo, la pantalla dividida en tres de manera poco visible y bajista, cantante y guitarrista que intentaban parecer compartir una habitación aunque, obviamente, no lo hacían. Chiste viejo, pero ayudó la vuelta de tuerca propuesta: el trabajo en post producción de imágenes por momentos congeladas y algún loop imaginativo. Lo más interesante vino después del video con su mini show que incluía otra vuelta de tuerca, esta vez bastante más original. El responsable de la música de Tan de repente salió guitarra en mano y auriculares en los oídos a un escenario que incluía a un muñeco parado en el frente, con las manos en los bolsillos y cabeza de monitor. El televisor se llenó con una grabación de su cara con los mencionados auriculares, y comenzó el show que jugaba con bases y voces pregrabadas en perfecta armonía con la voz y guitarra en vivo.
Al rato arrancaron los videos programados. Los dos primeros fueron Breeze de Lalann y Oberture de Charly García. Al primero, animado y con la ya envejecida ilusión de que la música electrónica es cool por definición, le faltaban más horas de trabajo en la imagen que ideas. El segundo igual, pero con los sustantivos en el orden inverso, aunque el hipnotismo de la puesta de luces prevenía de notar la presencia del rocker que se quiere morir y no puede.
Corcel de Bébete el mar apostó al pop saturado en azul, con algunos inserts en blanco y negro que parecían de algún corto anterior hecho para alguna escuela de cine. Playa de luz de Ambar jugaba con una paleta más amplia de colores, simulaba su amateurismo de una forma más amable y lograba momentos placenteros principalmente cuando remplazaba en pantalla al dúo de techno pop por flamencos o imágenes sueltas experimentales (en el sentido estudiantil del género) de la ciudad.
Siguieron los Illya Kuriaki & The Valderramas con Expedición al Klama Hama, tal vez el video más interesante de la banda. Sin embargo, su coqueteo con las artes marciales y los contrastes entre verdes y blancos fue recibido por el público con la misma frialdad y sorna que El símbolo de mi alma de Erica García. La bocona inmigrante se transformó en el Bjorn Borg de Guillermo Vilas y le patea el culo en un partido de tenis. El MGO decapitado que quedó sobre el escenario no permitía ver el resultado de la paliza que recibió Guillermo, el grande. Tarea imposible fue tratar de simular que García juega bien al tenis, pero la presencia de Vilas en pantalla gigante fue uno de los momentos más placenteros de la noche.
Naza Chong.

to be concluded...

martes, noviembre 04, 2003

Somos una familia feliz 

Stan Lee: monstruos, mutantes y superhéroes (Stan Lee: Monters, Mutants and Superheroes, Estados Unidos, 2003) Dirigida por Scott Zakarin. Con Stan Lee y Kevin Smith. Ficha técnica.
CAPRICHOS
Puntaje: 7.

Stan Lee es un viejito bastante simpaticón que hace cameos en casi todas las películas de la Marvel y el nombre mas reconocible dentro y fuera del subvalorado universo del comic superheroico. Stan ¨The man¨ Lee junto a Jack ¨King¨ Kirby (¿somos originales poniendo nicks, no?) reinventaron al superhéroe, y como algún cursi por ahí suelto diría, "le pusieron un corazón". Pero aquel corazón no fue de fantasía sino real, Stan dotaba a sus personajes de un dramatismo que el comic que nunca había visto, sobre todo considerando el período inmediatamente anterior donde el camp reinaba ante el clasicismo aventurero. Lee fue un dios particular que superó el rol de simple creador para convertirse en uno de los artistas más importantes surgidos durante el siglo pasado. Sus héroes-íconos, Spiderman, los X-men, Hulk, Captain America, eran seres que vivían en el centro de su época, en contacto directo con su marco histórico. A diferencia de Superman o Batman, la fantasía cuestionaba la realidad y no caía en arquetipos simplificadores.
Quiero ser un superhéroe. Soy stanleenista de antaño y amo los comics. Kevin Smith también los ama. Si hasta bautizó a su hija con el nombre de un personaje de Batman (Freakkkk). Compararme con Smith pasa a años luz de mis esperanzas en la vida. lo mismo le sucede a Smith mientras adora a Stan Lee en esta entrevista disfrazada de documental. El disfraz, elemento superheroico si los hay, que Lee usa es el de un noble caballero pedagógico en extremo (¿explicar quién es Spiderman?) y comparte el mérito de casi todas su creaciones. Pero que a la vez considera al creador de la idea como dueño del personaje y que una anécdota propia sería ¨el mejor chiste del universo¨. Lee es un Banner, estalla de ego y no de furia. Un fotograma que incluya a estas dos ¿personas? es más que suficiente para mí pero, la presentación en diferentes segmentos de la vida de Stan, sus creaciones y sus tratos con otros artistas del medio recaen en los vicios mas comunes del ideal de documental. Un material que debido a la falta de una idea que vaya mas allá del general Lee y sus anécdotas es solo apto para comiqueros. Así que como diría el gran Stan: "true believers, nuff said".
Juan Manuel Dominguez.

viernes, octubre 24, 2003

El joven ojos de tinieblas 

Vincent (Estados Unidos, 1982). Dirigido por Tim Burton. Con la voz de Vincent Price. Ficha técnica.
CAPRICHOS
Puntaje: 10.

Curioso fenómeno la organización dicotómica del mundo. Misterio indescifrable por qué desde los helenos a esta parte, con Saussure como estandarte, nuestros ojos describen un mundo bipolar. Tal vez sea que nuestro cerebro posee dos hemisferios, pero el verdadero arte siempre ha partido de un solo par de opuestos; el gris no es más que un invento del siglo XX.
Tim Burton es tal vez el más coherente de los directores dicotómicos. Burton ha inventado una multiplicidad de dicotomías que atraviesan su filmografía inclusive en las zonas más tenues. Vincent, genialidad condensada, es el germen más notorio del mundo de Tim y ya aquí notamos las bases de ese planeta:
a) El juego de color... o la ausencia de él. El blanco y el negro como dioses enfrentados luchan por prevalecer, herencia fabulosa del expresionismo alemán. Como el traje de Beetlejuice o el contraste entre el traje y la cara de El joven manos de tijera, el mundo de Vincent debe ser blanco y negro, el technicolor tiene la entrada vedada.
b) La oposición entre lo inocente y lo siniestro, el amor- odio entre el juego infantil y la perversión. Vincent, padre del esqueleto Jack, vive entre la vigilia iluminada y la pesadilla consciente, se hamaca entre la cándida vida de niño y la demente existencia adulta.
c) El gusto por el homenaje, el placer por la innovación. Burton no escatima destellos de amor por los monstruos de la Universal y construye su relato como una gran oda a Vincent Price, cuya cadavérica voz corroe el alma. Pero Vincent no es solamente un homenaje al mayor ícono del cine de terror; hay un delicado trabajo con la luz, elemento vivo que funciona a veces como cortina de teatro y otras como regulador de climas, logrando incluso una sensación de ascenso y descenso por los escenarios. Otro punto alto es el preciso trabajo con la resina epoxi para lograr la variabilidad de expresión del personaje.
Son muy pocos los que pueden describir toda su visión estética en apenas cinco minutos. Evidentemente, estamos en presencia de un cineasta con todas las letras.
Guido Segal.

viernes, septiembre 26, 2003

Rainy Days and Madness 

Superstar: the Karen Carpenter Story (EEUU, 1987). Dirigida por Todd Haynes. Click para guardar el corto en formato mpeg o verlo en formato Real. Ficha técnica.
CAPRICHOS
Puntaje: 10

Antes de los colores intensos y las lentejuelas, en la prehistoria del universo Haynes, sendas muñecas Barbie marcaron el camino. Sin dudas, sin titubeos, Haynes dibujó desde el amanecer de su carrera una línea de coherencia asombrosa, signada por esas constantes que levantan a su obra por sobre la medianía del cine norteamericano actual: el gusto extremo por el artificio, la tendencia al melodrama más recargado, la música como estética e influencia o la cinefilia más refinada.
Superstar condensa en 43 minutos todo el imaginario Haynes con una destreza y una carga adrenalínica tal que cuesta creer que pertenezca a un período anterior a Safe o Velvet Goldmine. Si Lejos del Paraíso toma el gran riesgo de retomar a Douglas Sirk en toda su dimensión, sin descuidar las tonalidades ni el juego de espejos, pero sobre todo sin recurrir ni por un segundo a la ironía distanciadora, Superstar eleva este homenaje a la enésima potencia, narrando con total seriedad la sirkiana decadencia de Karen Carpenter. Y eso que lo que vemos son figuras inanimadas, pero no de cualquier tipo, sino aquellas que representan la felicidad del ideal norteamericano por excelencia: las Barbies.
En el fondo, Haynes no hace otra cosa que hablar del sueño americano y supersonificación en la imagen del adolescente perfecto. O, si se quiere, el lugar que le corresponde a la inocencia de los años cincuenta en los decadentes sesentas, donde Vietnam, las drogas y la hipocresía nixoniana desangraron a una nación. Karen Carpenter es la inocencia hecha carne y paga el precio no sólo de un medio perverso sino de tiempos viciados. En este marco de un personaje agobiado por su entorno – luego inmortalizado en el rostro hermético de Jualianne Moore en las películas ya mencionadas – Haynes elige, como ya es costumbre, recursos impecables para transmitir su idea: manipula un híbrido de imágenes granulosas en video , material de archivo, entrevistas callejeras y desfile de muñecos, injertando en él un constante choque entre imagen y sonido, que incluso llegan a superponerse en un cóctel hiperquinético. Todo en Haynes apunta a crear el ambiente propicio para hacernos entender, de una vez por
todas, que el glamour es un reino hermoso pero efímero.
Guido Segal.

miércoles, septiembre 24, 2003

Hasta la Victoria´s Secret* 

Legalmente rubia 2 (Legally Blonde 2: Red, White and Blonde, Estados Unidos, 2003). Dirigida por Charles Herman-Wurmfeld. Con Reese Witherspoon, Luke Wilson y Sally Field. Ficha técnica
CAPRICHOS
Puntaje: 9

Hasta ahora vi tres veces Legalmente rubia 2. En la misma semana. Y cada vez que la vi me gustó un poco más. Si bien es algo inferior a aquella infravalorada obra maestra dirigida por Robert Luketic que es la primera parte, principalmente debido al reemplazo del australiano RL por el director de la bastante mediocre Besando a Jessica Stein, que a veces no filma bien (ay, esos zooms), LB2 se sostiene más allá de lo técnico debido a su carácter revolucionario. Sí, leyeron bien, revolucionario.
Los que ya vimos y amamos la primera parte sabemos que Elle Woods es una de las chicas más inteligentes y adorables que se hayan visto en pantalla desde las screwball comedies de los 30 y 40. Logra todo lo que se propone, y en esta película supera todo límite. Elle (Reese Witherspoon, 10) está a punto de casarse con su novio Emmet (Luke Wilson, idem), y quiere invitar a su boda a la madre de su chihuahua Bruiser. Cuando contrata a un detective privado para encontrarla se da cuenta que la perrita está siendo utilizada como conejillo de indias para testeo de maquillaje. ¿Qué hace Elle? Va a Washington y presenta un proyecto de ley para hacer ilegal la experimentación con animales. Demás está decir que lo logra, porque, después de todo, ella es Elle Woods.
Es cuando Elle llega a Washington que la película, sin abandonar su perfecto humor, adquiere carácter político y se convierte en una crítica desfachatada al (actual) gobierno norteamericano (y, de paso, en una remake de Caballero sin espada de Capra). Elle hace las cosas a su manera, y no a la "Washington way". Por más que se trate de enzurdecer republicanos (es genial cómo Elle dice la palabra "republican" con bastante asquito) mediante los métodos que sólo ella sabe manejar (más genial aún es el chiste del "salón de belleza conservador"... ¿peluquerías con ideología? What?). Por más que se trate de organizar una "marcha del millón de perros", donde la vemos luciendo una boina (rosa, of course) con estrellita mientras suenan Power to the People de Lennon y America de Lou Reed.
Elle Woods se lleva a Washington por delante y nos entrega una lección que debe ser la razón por la cual esta película fue tan injustamente odiada en EEUU: "Si piensan que algo anda mal en el pais no se queden callados. Speak up.", dice. Y nosotros decimos: "Viva la revolución, viva Elle Woods". El último minuto de Legalmente rubia 2 termina de convencernos de que quisieramos vivir dentro de esta hermosa película.
Juan Martínez.
*Este título fue inventado por Juan Manuel Dominguez.

posteado en cinequanon el martes 16 de septiembre del 2003.

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